07 julio, 2005

Óbito crepuscular


Antojaste al destino a jugar poker,
sin permitir armar escaleras,
sin dejar zurcir el ojal.
De melancolías con gusto a humedad,
renaciste historias de un presente banal.
Ciclotímico hiciste al tiempo,
lineal a la soledad.
Y llegaste con velos de primicias,
de codicias tangibles,
perplejas de ansiedad.
Irrumpes un silencio incoherente
y ocultas allí la verdad.
Vas disipando leyendas,
y te presentas tan real.
Ya no asustas en la ausencia,
ya te puedo encontrar.