27 junio, 2005

Tus moscas


¡Mira, siente, escucha tus zumbidos!
Las voces enredan tu destino.
Vas marcando tus caminos;
ninguno te pertenecen,
y te sientes extranjero de ti mismo.
¡Mira, siente, escucha tus zumbidos!
No puedes espiar por encima de tu corazón.
Tus moscas huelen a muertos,
tu crimen no paga y arrepentirse es la calma.
¡Mira, siente, escucha tus zumbidos!
Te miro, te veo huérfano en el camino.
-¡¡¡No implores a Dios!!! -¿Cuál Dios?
Si tú lo eres, noble y tan siniestro como él.
Y te acompañan tus fantasmas.
Y queres ser libre…
Pero seguís alentando deseos tan modestos.
¡Miro, siento, escucho tus zumbidos!
Te presto mi voz, te obsequio cariño.
Y soy la encantadora de tus moscas.
Quiero abrir tus ojos, destapar tus oídos,
sacudir tu pasividad.
¿O preferís que tus remordimientos amueblen tu vida?
¡Miro, siento, escucho tus zumbidos!
Y ahora estoy aquí, mirando tu enjambre que zumba,
despertándote dudas, librando tus miedos.
De vuelta...
¡Miro, siento, escucho tus zumbidos!
¡Abraxas, galla, galla, tse, tse!
Ahora juegas a ser libre.

19 junio, 2005

Cerrando heridas, abriendo cicatrices

Y tus heridas de cicatrices inciertas
acompañan el rostro de ese amor.
Por las noches pensad en buscarla
y las mañanas no harás amanecer.
Sus labios ya no besan de tu tinto
y sientes ocre tu corazón.
Las miradas se pierden en recuerdos,
y este presente es un anteayer.
Ahora ahogas tus gritos en nostalgias de ficción,
con caricias descartables, con besos de ocasión.
Te apropiaste de algo que no tuviste
y nunca las sumas dieron dos.
Sorteaste sentimientos ignífugos
en las llamas de ese amor…

18 junio, 2005

Corriendo por ser




Y corría, y corría por la noche desvelada,
por sus huellas dejaba el paso de otro amanecer,
muchas miradas, muchas voces, y algunos llantos.
Correr, correr, hacia que preguntaba…
Nada atenía a parar,
solo la velocidad de sus miedos a su lado,
como esos cruces inciertos de su existencialidad.
¿Hay acaso algo tan dudoso que el existir?
Ninguna respuesta acompañaba a su conciencia,
y ninguna ayuda a su corazón.
Solo correr, escapar, huir, salvarse de esa noche,
y aunque al despertar se topara con su mismo cuerpo,
ya no sería ella y tampoco sería él,
ni siquiera un nosotros.
Ella y su angustia… Nada más.